jueves 5 de noviembre de 2009

Los andares de Derrida



Estoy segura de que Derrida sabía que un caminar lento sólo les está permitido a aquellos que desde el comienzo de su conciencia deciden dedicar su vida a la maravilla de las cosas intangibles que nos lleva toda la vida explicar, sin saber al morir si seguirán siendo tal y como nosotros las tratábamos.

domingo 1 de noviembre de 2009

La notte

Se puede renacer sólo tras la humillación
Tok tok, Christina Rosenvinge

-Es cierto, he bebido demasiado.
Aquel vodka agujereó de a poco mis entrañas, me fui sintiendo cada vez más y más vulnerable, bajo una montaña donde el fango se extendía multilateralmente. Terminé por cerrar los ojos y, al sentarme, manché mi vestido de tierra mojada y otros sucedáneos. Poco después me obligaron a levantarme, y el constante dolor de cabeza que me azotaba desde hacía un rato se volvió aún más punzante. Tuve que bajar esa montaña, abrir las piernas, agacharme un poco y sujetarme el pelo. Y no fue sólo ese maldito vodka lo que salió de mi maltratado estómago: vomité las ilusiones de la pasada semana, algunas fotografías en blanco y negro, las pocas frases esperanzadoras sacadas de algún libro con hojas amarillentas. No quería volver a casa, sino quedarme a tu lado, soportar un poco más tu indiferencia, por si me daba por aceptarla con resignación y ojos mirando al suelo, ajenos al tiempo y al espacio. Así pues, te seguí hasta donde tú me dejaste que lo hiciera. El final era siempre el mismo, sin excepción. Lograba tu excitación con mi ingenuidad latente: empezabas a morderme delante de todo el mundo, porque habías decidido provocar en mí algo mucho más inconmensurable de lo que tú sentías. Yo acababa besándote y pidiendo disculpas por el atrevimiento: nada, nada, aquello era sólo el comienzo de otro ritual muy parecido al anterior. En una cama de sábanas rojas y huellas de gato, todavía ebria, te hacía el amor todo lo bien que me habías enseñado. Viajaba por derroteros oscuros e ignominiosos. Hasta que me dí cuenta de que no había unión posible, y te dije:
-Carga, apunta y dispárame.

viernes 23 de octubre de 2009

i'm still haven't found what i'm looking for


le crime est toujours plus élégant
quand l'assassin est très adroit

Hacia dónde voy


Yo amé cuanto pude.
Al principio, abstracciones
con los ojos cerrados.
Luego, acercándome
cuanto me fue posible.
Más tarde, inmersa
en laberintos absurdos,
ardiente la carne.
La materialización
del deseo.
Su disipación.

Yo amé cuanto pude
todos los días del mes
incluidos domingos y festivos.
Amé sin esperanza, siempre.
A punto estuve
de vivir al límite,
de jugarme el corazón en las aceras.
Los muros me lo impidieron.
Cruzó un te quiero
y atravesó la ventana,
sobrevoló los tejados del barrio.

Yo amé cuanto pude.
Pero sólo tuve carne, deseo,
sexo trepando por las paredes,
olores impregnados en mi cuerpo.

Y eso no es triste.
No.
Es, quizá,
lo más puro
de todos mis recuerdos.

sábado 10 de octubre de 2009

Se me ha acabado
el tabaco.
No tengo ganas de ponerme
a completar los apuntes de Moderna.
Ni de cortarme las uñas.
Ni de pintármelas de rojo.
No me apetece salir a cenar
con los tacones nuevos.
(Aunque sean bien bonitos)

No me apetece
volver a escuchar
Por una cabeza en versión instrumental.
Tampoco
empezar Hamlet.
Ni seguir con Todorov.
Ni continuar con Ryu Murakami
y sus drogas.

No quiero
abrir el papel rayado y suave
de la Moleskine,
ni coger el bolígrafo azul de Cajasol
(Tinta líquida)

Dejaré el francés para otro día.
Es sábado.
Los niños juegan en el patio,
lo veo desde la ventana.

Me voy a ver la televisión
con mi abuela.

Nunca me entero de nada (sin sentido)

Nunca atiendo. No sirve demasiado cuando al abrir los ojos han cambiado el decorado y, lo más desconcertante: los personajes. Me han quitado el papel que tenía y a cambio me regalan un asiento en primera fila: algo así. Algo como la consumación.


Volviendo continuamente al principio de todo, no consigo deshacer los nudos que me hacen culpable. No tendría que estar de rodillas, suplicando las palabras. ¿Otra vez me toca largarme en sentido figurado y con el corazón a cuestas? Todas las canciones de amor hablan de entrega. Aunque sea a domicilio. Las mías las devuelven por remitente desconocido.


Que vengas a explicar que todo ha terminado. Receta infalible: coger mi dedo índice, ponérmelo en la boca. Callarme. Condecorarme con el segundo premio.

jueves 8 de octubre de 2009

El paraíso sobre los tejados, como los gatos nocturnos




Apenas las seis de la mañana,
cuando aún no han amanecido las aceras
volvemos de la hierba y el agua sucia
de un río que nos ensucia el alma

Bajo un muelle de madera
que cruje con unos pasos estridentes
follamos efímeramente
con mis manos arañando tu cuello

Luego dices, sólo somos amigos, ¿no?
porque aún eres demasiado pequeño
para saber de la inutilidad de las palabras

Para saber que a veces, sobre todo
cuando me llevas a tu cama
de sábanas rojas y huellas de gato,
no las necesito

Sólo tu semen imparable
como regalo de despedida a mi garganta

Y cuando vuelvo a casa
apenas las ocho de la mañana

sábado 5 de septiembre de 2009

Eñe

Quisiera conocer todos los colores,
dijiste una vez
sin saber que eso se llamaba poesía,
el color de tus manos bailando en mi pelo,
el de tu hombro asomándose a un mundo incierto
de agua sucia y cansancio invisible.

Quisiera conocer todos los colores,
esos que tú guardas en tu cama de sábanas rojas
y desorden permanente,
el color de tus dedos en mi boca, hacia dentro.

Quisiera conocer todos tus colores
llenos de torpeza inconsciente,
gatos en los tejados, bailes en la oscuridad,
noches que se prolongan
hasta que amanece el asfalto, despeinados.

lunes 31 de agosto de 2009

Lolita go home


He vuelto a casa y he rozado el suelo con los dedos de los pies, y no ha salido ninguna espina, ninguna palabra que no haya sido dicha por miedo. He transitado por una calle del barrio llena de gente sin pensar en ese verso de García Montero que dice, nunca sé despedirme de ti. Sin tristeza, sin rencor, sin cabos sueltos posibles de unir.


Sigo con las uñas pintadas de rojo, hace tiempo que no me peino y que la vida pasa por mí como el río por mis tobillos una tarde calurosa de agosto. Puedo decir: ya fue. C’est fini. Se acabó, a lo María Jiménez. Lulita se despide habiéndose olvidado de pintar sus labios de rojo, se retira pasada la tormenta y se baña en un mar de soles y colores nuevos. Ciao, Milord, ciao.



Me enseñaste la delicadeza

el modo de amar mi cuerpo y considerarlo,

el erotismo que confluye con lo cotidiano,

el despertar de los sentidos.


Me convertí en la pequeña Lulú

de uñas rojas y zapatos de cuña

con un libro viejo entre las manos.


He aprendido la lección, papá Humbert.


Nunca más entre las sábanas,

nunca palabras no dichas una tarde

cuyo dolor silencioso se perpetúa. Nunca más

un picotazo de tales dimensiones.


Nunca más olvidarme de mí.


Me levanto y ando, redescubro los horizontes

que se muestran insinuándome

roces y delirios.


Nómada de cuerpos desconocidos, te digo adiós.



Au Revoir, nire maitia. Merci pour les fleurs.

martes 11 de agosto de 2009

Escupe a la muerte


Cualquier lugar es más bello si se deja atrás
(Doctor Deseo)

domingo 9 de agosto de 2009

The end



This is the end. Hoy no hay eclipse de luna.
Bajo su influjo, sin embargo, nos bañamos en un río
lleno de peces y de restos.

Un verano en la frontera que separa
lo que fuimos de lo que seremos.


This is the end. The end of body and soul.

La suciedad del espíritu y su belleza. La marca
de los cuerpos que se ofrecen a la orilla.

Ahora sin embargo el agua
resbala entre mis manos.

Queda sin embargo la canción de los Doors
que no duda de los finales irreversibles.

Una mano sugerente sobre la almohada.

La poesía. La poesía

que es el nombre de todas las cosas.

sábado 8 de agosto de 2009

Gotas de dolor... y un charco de olvido.


la lentitud es belleza
copio estas líneas ajenas
respiro
acepto la luz
bajo el aire ralo de noviembre
bajo la hierba
sin color
bajo el cielo cascado
y gris
acepto el duelo y la fiesta
no he llegado
no llegaré jamás
en el centro de todo
esta el poema intacto
sol ineludible
noche sin volver la cabeza
merodeo su luz
su sombra animal
de palabras
husmeo su esplendor
su huella
sus restos
todo para decir
que alguna vez
estuve atenta
desarmada

sola casi
en la muerte
casi en el fuego

Media voz, en Canto villano, Blanca Varela. 1972-78.

jueves 30 de julio de 2009

La belleza y el golpe se conjugan casi a la perfección cuando hacemos de nuestra lesión irrevocable una bandera altiva, una herida que enseñar a los demás cuando ya estamos de vuelta y nos reímos de las desgracias porque sabemos mirar hacia delante, deleitarnos con una lujuriosa fotografía y llevar el pasado y el deseo a cuestas.

lunes 27 de julio de 2009

Lover Lover Lover

El horizonte
como la barra sucia de un bar desconocido
en la que nunca me podré apoyar.

Invitación, Luis García Montero.

Cada tiempo de dudas necesita un paisaje,

que se multiplica a medida que vuela el tiempo y sigue el amor

por derroteros elásticos y calles muertas


Así el mío no puede ser un solo paisaje de luces

entremezcladas con bares que nunca cierran y pintalabios rojos,

no puede ser un solo paisaje de habitación periférica

con vistas a la uniformidad y sin gente caminando


Así mi tiempo de dudas es también la certeza

de que podría nacer una flor de este nuestro desierto,

de que seguramente me llamarás para invitarme a un café

y comunicarme invariable tu progresiva muerte


Cada tiempo de dudas necesita un paisaje

y el mío es toda esta ciudad en la que habitas.

sábado 25 de julio de 2009

Sinvergüenza


He sido niña de pelo corto con ojo tapado, mujer a los once, tonta sin fin.

He bajado la cabeza bajo un cielo radiante por los espinazos terrenales,

He subido interminables montañas sólo para contemplar las laderas y pueblos.

Estuve en parques, playas, ciudades que ya no recuerdo y que son ahora

Parte ciega e inexpugnable de mi vida.

Estuve en calles estrechas, plazas sin nombre, casas vacías, de cuya geografía

No falta en mi memoria ni un nimio detalle.

Curiosa la labor azarosamente selectiva de la memoria.


He sido cachetes rojos, dos coletas, soy una cara llena de pecas.

Una noche pedí un deseo a una estrella, y se cumplió a la mitad, tres años más tarde

(pero valió la pena)


Casi siempre estoy sola, y así duermo, leo y escribo cuando quiero. Como hace años.

Fui ingenuamente infantil, ahora soy infantil e ingenua a secas.

Presté ignominiosas cantidades de libros

Que nunca me serán devueltos y que no reclamaré.

He sido demasiado buena, ahora creo que soy sólo buena, sin el demasiado.

La experiencia con la maldad contamina el alma más que la gasolina.


Dejé en el camino algunas luces encendidas, puertas abiertas donde entrar una noche negra como muchas de las que me asolan. Llevo el pasado conmigo. O una parte.


En el bolsillo llevo frases cada una de diferente color, textura, estilo y autor, corazón

Fragmentado pero entero, dispuesto a darse. No llevo nunca dinero

Cuando lo necesito. Acaso tickets desechos después de una tarde en la lavadora.


Colecciono recuerdos incoloros por el paso del tiempo, cartas que me escribieron

Aquellos que no están y los que aún no se han ido. Todo es de paso, un viaje.

Guardo también escenas muy a la nouvelle vague, algunas surrealistas, cotidianas,

Incontables torpezas, tropiezos, algunos discos y cuadros de Chagall.

Tengo abrazos espontáneos, y besos en la oreja de los que hacen ‘piiii’.


He sido muchas cosas: niña mimada, pirata de palo, enamoradiza de los peores cocodrilos, mujer con uñas pintadas, intento fracasado de femme fatale, hija de Lulú, seguidora fiel de Lolita, un poco Maga (torpe, siempre torpe) y muy yo.

Sobre todo muy yo. Lo demás es ornamento y simetría cómoda y moderna.

Vi demasiados filmes oníricos, leí multitud de libros que nunca están en la sección novedades. Una vez se me ocurrió que la vida no es una carrera,

Que la lentitud es consciencia, y ya no tengo prisa.


En la pared de mi cuarto hay un retrato que me hicieron hace tiempo.

La misma mirada, labios paralelos, igual nariz. El pelo

Quizá un poco más corto. Teñido de negro. A veces

me olvido de esa que fui y que he sido y me engaño creyendo,

sin querer, que sólo soy lo que ahora.

Niña mimada, pirata de palo, cachetes rojos…

sábado 18 de julio de 2009

A modo de tregua

La chiquita piconera. Julio Romero de Torres.

Dime por qué todavía te deseo, por qué tu nombre vuelve
como el hacha a la herida en una amarga visitación de la medianoche,
a la vera de un campo funerario donde larvas se multiplican
húmedas babas, recuento interminable de torpezas,
dime desde esa nada donde ahora te atrincheras, dime
por qué me basta componer un mecanismo elemental de sílabas,
discar en el cogollo de la niebla las cifras de tu nombre
para que solitariamente
me agobie la esperanza de una menuda migración de dedos por mi pelo,
de una fragancia donde habita el musgo.


Julio Cortázar. Aftermath, en Último round. 1969.

jueves 16 de julio de 2009

Levántate y anda (II)


Accediendo a la bandeja de enviados de su cuenta de correo, encontré esta carta, que ella mandó meses después del italiano mal cantado.

Creo que te equivocabas cuando decías que no eras fotogénico, o quizás mis ojos tergiversan la realidad en la que te insertas, donde el tiempo pasa rápido y me olvido de articular cualesquiera de los pronombres personales. Además, la foto no salió movida esta vez, y en ella se difuminaban la calle, los bares y tu rostro en un cúmulo de grises infinitos. No tardé en mostrártela para que vieras, para que tú mismo te dieras cuenta del milagro. Te hice dos regalos, uno tenía que ser un libro, el otro tenía que ser una foto donde la flor que me regalaste en invierno ocupaba el primer plano, ya seca por el paso de las noches. No recordabas, no hacías sino mirarla muy atentamente, el ceño fruncido como queriendo decir no puede ser posible, yo pensando lo mismo. Desde entonces te he dejado tiempo, para que la mires en casa y me digas cuando te acuerdes, si alguna vez te acuerdas.
Aquel día, el día de la foto y el libro, del restaurante italiano (curioso azar cuando hacía unos meses estaba en tu casa cantando Amore disperato) y del té verde, me fui cayendo al suelo y no te dabas cuenta. Sentados en unas mesas donde se superponían retazos de papel de periódico en diversos idiomas, tuve ganas de mirar hacia abajo y decir que te había echado de menos, y no lo hice. Tú hablabas de personas que me eran lejanas y cuyas vidas aunque curiosas no me importaban lo más mínimo. Cuando nos poníamos así, era un marujeo metafísico que me terminaba cansando, y me hacía pensar que era solo un salvoconducto para no acabar hablando de lo que había que hablar. Hay una cosa que se llama miedo, yo lo tengo desde luego, y quizá tú también, y ese miedo está en todas partes, incluso en nuestra conversación sobre mis notas de la universidad.
Como tuve miedo, no hice otra cosa que fotografiarte, por aquello que dijo Cortázar de que fotografiar era una de las mejores maneras de combatir la nada. Y la nada se interponía a las cinco de la tarde entre nosotros, en el nimio espacio que había entre tu silla y la mía y mis piernas estiradas. Cuando fuimos a por el coche, aparcado en el subterráneo, sentí miedo del final. No era la primera vez, porque sentarme en el asiento de delante y ponerme muy lentamente el cinturón significaba el camino a casa, al vacío en el que tu presencia es como agua al fuego, o algo así. En esa situación desagradable siempre deseaba una tercera guerra mundial, atascos de treinta kilómetros, manifestaciones multitudinarias contra el aborto. Una serie de desgracias que me hubieran producido diez suspiros, una declaración en condiciones, con papelito para no olvidar lo importante e irme por las ramas. De qué hubiera servido. Los semáforos en rojo iban sucediéndose pero tu coche azul avanzaba, esquivaba todo obstáculo sans problème para terminar dejándome muy educadamente en la calle que conducía a mi casa. Gracias por el libro, era por tu cumpleaños, dos besos y una mirada que se podía interpretar de mil maneras o de ninguna, o por qué hay que interpretarlas. Abrí muy lentamente la puerta, y tienes que ir ahora a trabajar, como siempre hacía en nuestras despedidas automovilísticas. Ahora podría empezar a llover, o a caer granizo, o podría acabarse la gasolina. Cerré la puerta, y no sonó como un signo de interrogación sino como un guantazo de vuelta a la realidad, espero a que des la vuelta a la avenida, te pido que pares y ya escupo lo que haya que escupir. El coche azul no pasa por este semáforo que llora en tres colores, me vuelvo y avanzo y doy la espalda, y eso también es una metáfora. De repente, en medio de una tristeza cobarde en la que tu olor se evapora, me acuerdo de aquella frase levántate y anda de la que nunca eché mano. No me había parado a pensar nunca que desde el suelo más profundo y oscuro pudiera desafiar la gravedad de la esperanza.

lunes 13 de julio de 2009

Así son las cosas (I)


Nunca llevaba reloj, en eso se parecía a ella y también en que andaba siempre mirando distraídamente el suelo como si un terremoto fuera a acabar de repente con los adoquines. Eso ya es una señal, ve usted, la señal de que no se está por completo en el mundo, porque el mundo resulta amenazante. Entonces uno se refugia en sí mismo, y eso le pasaba seguro a este hombre. Ocurre que cuando la conoció el estado ya de por sí caótico de las cosas en su vida se volvió aún más palpable. Y ahora qué carajo, pensaría. La chica era bastante más joven, de hecho verlos juntos por la calle era algo totalmente fuera de lo normal a los ojos de cualquier persona observadora. Porque no parecían pareja, ni padre e hija, parecía más bien que por algún azar se habían encontrado y así tenían que estar juntos, no había otra. No pertenecían a esa clase de parejas que uno los ve y al rato afirma claro, si es que uno es un torbellino y la otra una pájara en una jaula, tenían que estar. Más bien al contrario, a menudo sucedía que la gente se preguntaba lo siguiente: qué hacía una chica joven al lado de un tipo tan austero, y considerablemente mayor. Claro que a mí no me interesa por qué estaban juntos, estarían por algo, digo yo. El caso es que este hombre conoció a la chica en un momento que no era el ideal, ya sabe, con cuarenta años uno se mira al espejo y dice el tiempo pasa y yo quiero quedarme en casa, o algo así. Bueno, no era eso exactamente, lo que quiero decirle es que en su interior se libró el combate resabido entre lo que se quiere y lo que se debe hacer y al final se quedó en la casa.

A cualquiera le hubiera bastado esta negativa para darse por vencido, esconder las cartas del juego o mejor quemarlas, ¿no? La realidad, lo natural, lo preconcebido, se impuso totalmente, o al menos eso era lo que tendría que pensar la chica, y cualquiera al que se le presentara la situación. Una moral al uso echa mano de la lógica, de lo que se impone, en definitiva de lo que llamamos racionalidad. Se olvida poco a poco, se busca otras pieles y otros olores, uno se emborracha todos los días y al final sólo una vez en semana, hasta que de repente y sin que haya pasado más de un mes la mente en blanco, como el botón reset, igualito. Pero por alguna extraña razón (¿o debería decir cerrazón?) la chica se emborrachó, probó pieles y olores y echó mano de los impulsos apareciendo día sí día no en la vida de un hombre que se estaba rehaciendo. Obstinado en olvidar esos labios rojos y sus desiguales dedos de los pies, este hombre hacía oídos sordos a todas las llamadas de auxilio. Una vez que seguí a la chica durante toda la noche, mezcla de farolas y colores, terminó junto con otra acompañante cantando canciones de amor en la puerta del susodicho. Quizá lo mejor sea decir que no estaban demasiado borrachas. Simplemente un pacto tácito les había echo rebelarse contra un muro que estaban dispuestas a derribar, ya se sabe como son los jóvenes, ¿no? Cantaban canciones en italiano, y no lograban ponerse de acuerdo en la letra, desde luego. Eran torpes y lo sabían, pero me resultaron hermosas y frágiles aquella noche. Después de aquello casi me decidí por abandonar mi tarea, pero aquello era el comienzo de algo muy exclusivo.

jueves 9 de julio de 2009

Las flores que el primer día me regalaste


Lo nuestro duró...

Lo malo de las historias es que también son cuentos
Que se cuentan no sólo de noche
Y que la noche es una profunda inmersión en la angustia
de un pretérito tan presente como que ahora son las diecisiete y catorce

Lo malo de los finales es que cuando llegan de improviso
me niego a colgar un cartel que diga cerrado por derribo
porque todavía me pienso construyendo un futuro imposible
que muere con la luz apagada

Lo malo de la esperanza es que se convierte en un botón de standby
que parpadea esperando el roce de tu dedo índice
y que no hay dedos ni olores de esos
que había cuando cerraba los ojos montada en tu moto

Lo malo de ti es que no hay razón para decir adiós y cerrar la puerta,
y que si la hay no importa porque vale más
lo que dices, lo que callas y lo que eres conmigo
una tarde sin fechar por las calles del centro

Lo malo de la ausencia es que es una presencia lejana y no el vacío
que al menos se deja colorear por otras luces,
que es terriblemente ambigua por eso de que estás y no,
cuando quiero esos dos ojos mirándome

Lo malo del deseo es que nunca es el mismo pero es siempre igual,
de-se-o de lo palpable y de lo que no puede nombrarse,
algo que está más allá de lo posible tras el muro
que lleva muchos siglos en pie

Lo malo del amor es que es completamente ciego,
y esto es una frase cursi, resabida, inútil
pero una verdad aterradora.

martes 7 de julio de 2009

Los siete elementos capitales, Marx Ernst

Danza del amor peligroso
del amor oscuro y laberíntico
irracional, prolongado
hasta la pequeña muerte

viernes 3 de julio de 2009


Tienes en tus manos todo el amor del mundo. Abre la puerta con la llave que guardas tan celosamente en tu bolsillo y déjame entrar a ese espacio oscuro plagado de letras impresas y cuadros de Grosz. Encerrémonos en la habitación cinco días, cuéntame qué cosas tan feas sueñas y yo te haré un café y te daré un beso en la mejilla y dormiremos la siesta juntos. El verano pasará como un pájaro blanco en un cielo terriblemente celeste, volaremos con él y la lámpara de Aladino cumplirá todos nuestros deseos. Deslízate por mi cuerpo suavemente, como ahora rescato el sabor de tu hombro con un pequeño lunar apenas visible. Labios que quiero morder hasta que olvidemos la tristeza siempre a cuestas. Ya no me importa qué diga la gente, ¿nos importó alguna vez acaso? Aunque nunca nos besáramos en público, no era necesario, yo te miraba al otro lado de la mesa de madera donde se interponían felices entre nosotros un té y una coca-cola. Cuando nadie nos veía nos besábamos con tantas ganas, como si fuera la última vez, que alguna vez lo fue, o todas. Yo nunca sabía cuando terminaría el sueño. Hace ya un año que nos cruzamos par hasard o tal vez ya estaba escrito eso de que nos encontráramos. Me gusta imaginarte fumando un lucky en tu escritorio acordándote de mí y echándome mucho de menos, justo como yo ahora. Date prisa en acercarte. Te diré cosas muy bonitas y tendrás que juntar tus pies con los míos para calmarme. Tal vez llore o tal vez no, pero sabrás que no te miento si te digo que me iría contigo a cualquier isla desconocida. Yo te escribiría poemas por todo el cuerpo, nos separaríamos por un rato y luego haríamos el amor por toda la casa. Eso es lo que debería pasar, eso y mucho más, si no fuera.

Ivre

Arthur Rimbaud, enfant terrible


Viento en hélice

Hacia poros abiertos

Dedos cruzados

Flor yacente

Pies en la acera

Mirando el negro

El blanco que resulta

De cerrar los ojos


El mar en el tobillo

Restos de arena

El baile de las hojas

Acaricia el alma

El baile de las manos

Atraviesa laberintos

Sueños nacidos

Hacia dentro


Dedicado al vecino del cuarto

jueves 2 de julio de 2009

Teoría pragmática inservible

Mirarse al espejo es tan triste cuando se refleja sólo uno mismo. Cómo podemos nombrar, catalogar aquello que se resiste a ser atrapado, como un pajarito vulnerable que huye a su nido donde siempre estuvo más seguro. Che, esto empezó a doler hace ya mucho tiempo, me niego a decir dos meses, o tres o los que quiera que sean, porque no serviría de nada, igual que hablar de ruptura, qué carajo. Ni siquiera hay algo que pueda llamarse ruptura, o final, si no hubo antes un comienzo desde el que hilvanar las absurdidades... Vos andás mal, yo no sé cómo, no vale imaginarlo pero tengo tantas ganas de escuchar tu voz un sólo segundo, contarte enterito el capítulo noventa y tres de Rayuela. Pero te me alejas tanto... Yo que me había prometido y hasta creido tomar las cosas de una manera lógica y consecuente con la situación, proceder al anulamiento de tu persona, ese tipo de asesinatos que cometen los amantes despechados, tratando de encontrar en los demás un atisbo de ti, o sólo tu aroma, o nada, sólo dejarse caer por otros agujeros. Me dejo caer y he aquí que termino de nuevo al comienzo, de vuelta de todo, intentando muy absurdamente, lo más absurdamente posible, volver a iluminar tu vida plagada de oscuridades. ¿Por qué no me dejás intentarlo apenas? Déjame que la realidad me vuelva a abofetear, la muy perra, que me abofetee así muy fuerte, cachetes rojos y vuelta a empezar o terminar.

martes 30 de junio de 2009

Instrucciones para fumar un cigarrillo sin sentirse culpable

Fumar nos ayuda a desaparecer peligrosamente



Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de fumar sin que palabras rectas como troncos de roble surtan su efecto civilizador. Es indispensable desterrar el pensamiento de fumar puede matar y el resto de consignas que aparecen bien grandes en cada cajetilla que compramos, sea en el estanco o en el bar. Además de olvidarse por completo de que fumar perjudica su salud y la de quienes le rodean hay que darse cuenta del gran engaño, de que fumar nos hace bien, y sobre todo de la inutilidad de estos enunciados cuando veinte cigarrillos luchan por salir de la cajetilla para ser consumidos.

Tras haberse vuelto inmune a palabras impresas, es necesario también que la palabra hablada sea igualmente obviada, puesto que puede ser más peligrosa, ya que si uno está tosiendo más de lo normal, o se ahoga cada vez que sube las escaleras del piso de la abuela, pueden hacernos abandonar nuestro más preciado compañero: el pitillo.

Cuando ya hemos acatado los principios de la inmunidad igual que los del civismo, ya pronto veremos que éstos van a ir enterrándose poco a poco. Este primer ejercicio preparatorio de nuestra moral salubre ha de llevarse a cabo obligatoriamente, hasta el punto de poder afirmar, con una sonrisa irónica: soy un completo enfermo.

Ahora sí, atengámonos a la manera correcta de fumar sin sentir ni una pizca siquiera de culpabilidad: antes que nada, hay que asegurarse de que nadie nos birló el mechero. Tratar de encender un cigarrillo sin mechero, tenerlo así bien aguardado entre los labios mientras con las dos manos se busca desesperadamente fuego, no es tarea recomendable. A los ojos de la masa resulta una imagen comparable a la del yonki pidiéndole al camello que le fíe, o a la del borracho que lleva ya veinte y el camarero se niega a ponerle veintiuna.

No olvidemos que la manera correcta de fumar es serena, pausada, sentados en un café o en un banco de la plaza, dejando que el humo llegue hasta los pies. Tranquilidad y pitillo son una misma cosa, y esto no se hace para dar buena imagen, ya que el paralelismo entre un fumador, un yonki y un borracho es más que evidente, y no hay que avergonzarse por ello. Estigma de buscador insaciable, fumar se nos convierte así en un acto místico, individual o colectivo, que sirve para adquirir conciencia del yo y de los otros, que igualmente sienten su mente liviana sobrevolar las autocensuras mundanas.

Sobre la expulsión del humo es necesario tener en cuenta una sola cosa: se debe tardar más tiempo que en dar entrada a ese humillo con alquitrán y otras delicias. Este punto es quizá el más importante: a la hora de expulsar el humo, deben picarnos los ojos y los demás deben observar cómo nuestro rostro se va nublando de a poco, cubriéndose de una masa de aire blanquecina, haciéndonos por fin desaparecer. Por último, ser plenamente conscientes de que se puede afirmar, sin duda alguna, que hoy fumar constituye un acto subversivo, como antaño la destrucción de máquinas por parte de obreros ludistas. Hay que proclamar el amor incondicional al cigarrillo, mirarlo consumirse atentamente, ponerse triste y gris cuando llega la hora irrefutable de aplastarlo frívolamente contra el cenicero.

lunes 29 de junio de 2009

Peligrosa María


Cuando me bajé del autobús sentí una repentina oleada de viento que fue casi como un guantazo. Tachán, mis pezones se endurecían poco a poco y yo trataba de disimular que no me daba cuenta, mientras mis pies se adherían a esas calles del centro tan transitadas. Decidí no preocuparme, dejar que, si querían, me hicieran unos buenos agujeros en la camiseta negra, que ya tenía unos cuantos a la altura del estómago.
Iba a encontrarme con varias amigas e iba a encontrarme también con el recuerdo que en mí había dejado París. Habíamos decidido vernos porque era necesario un petit comité para abordar ciertos asuntos que aún me eran desconocidos. ¿Qué escondería Peligrosa María tan celosamente? ¿Qué era aquello que le había pasado tan grave, que estaba convencida de que se merecía que el mundo le llamara zorra? Tuve que contar yo primero mi affair con monsieur G., que había ocurrido antes en el tiempo, rememorar de nuevo situaciones pasadas, frases que aún no sabía si eran de mentira o de verdad, en resumen, desenterrar del pasado, esa caja abierta llena de polvo que hace estornudar, un episodio de mi vida. Peligrosa María no salía de su asombro y me condecoró con su admiración más profunda.
-Reconozco que lo tuyo pertenece sin duda al escalafón más alto conocido –me dijo sonriendo-. Laura, ¿quieres pasarme el chorizo capitalista ibérico?
A modo de respuesta, sonreí y bebí de una de las botellas de tinto de verano que habíamos comprado para aquella noche. Luego María comenzó a narrarnos su historia, que era tremendamente larga e interesante, y muy compleja también. De vez en cuando, soltaba cosas como ‘Había entre nosotros una complicidad terrible’ o ‘Mi entrega era absoluta, pero no exclusiva’, frases que yo apuntaba corriendo en la libreta del chat noir para poder escribir ahora este pasaje. Algunos de sus sentimientos me recordaban inevitablemente a los míos, encontraba cierto paralelismo en nuestras emociones, aunque en el fondo eran situaciones muy diferentes.
Cuando María había terminado de contar su ajetreada historia, yo le dije que, al menos, podía contar con que monsieur B. la había amado fervorosamente, aunque tanto amor al final le hubiera acabado hundiendo y con él, a ella, al menos en parte.
-Eso es. Míranos a Ana y a mí –había empezado a decir Candela, mirándome con una complicidad terrible-. Entre perdices y gavilanes seguimos enteras. Qué remedio. Pero te digo una cosa, Ana. Víctor te quiere.
Aquello me abrió los ojos de repente. ¿Qué Víctor me quería? ¿Entonces, por qué no contestaba a mis correos, por qué no me llevaba a casa cuando el autobús nocturno había llegado a su fin? ¡Qué carajo! ¿Por qué no me follaba de mil maneras? Entonces Peligrosa María intervino.
-Yo también creo que te quiere. Coño, ¿cómo no va a querer a una tía como tú, a la que le saca… ¿Cuánto? ¿Veinte años? Y a la que tiene loquita… Es imposible.
Laura asintió convencida y me dijo:
-Claro que te quiere. El problema es que sabe que contigo no duraría mucho tiempo, porque él querrá a alguien de manera estable, que viva con él, y tú no te vas a sacrificar por él de esa manera… Entonces se agarra a lo fácil.
Y tanto que se agarraba a lo fácil. ‘Pero si me quiere…’, pensaba yo, tonta de mí. ‘Deja de pensar en eso, que sea así o no, poco soluciona’.
Entre tanto, ya iban tres botellas de tinto de verano, y aún quedaban algunas lonchas de queso y de jamón jugoso proletario dispuesto a ser devorado. María se estaba meando y yo me levanté a acompañarla. Mientras estábamos en cuclillas hablábamos de Los placeres prohibidos y yo le contaba que Cernuda daba para varias tesis, y que una de ellas debía llamarse ‘Los caminos del deseo’. Luego llegamos a la conclusión de que, a estas alturas de nuestras vidas, nos resultaba impensable separar el amor de un buen intelecto. Pensé en Candela, que reconocía en ese grupo de hombres otro grupo a su vez extremadamente peligroso.
-Un intelectual alcachofa, tía. Tanta sabiduría para nada, para tener la cabeza que no les riega, no les riega.
Yo pensaba en Víctor que, muy a mi pesar, no iba a ser nunca un intelectual alcachofa, sino un intelectual único, una mezcla entre atormentado y libidinoso que había conseguido marcar cada rincón de mi piel con sus dedos. Sentía unas ganas tremendas de follármelo, no de hacerle el amor sino de follármelo, de pie, sentados en la mesa de la cocina, en la mesa de cristal de su salón, de morderle todo el cuerpo sin dejarle ninguna marca visible que su mujer pudiera notar. Y que después de todo eso y de más aún me dijera que ya no iba ser posible dejar pasar otro día entero sin verme.
María y Candela, cuando volví a la conversación, hablaban de pollas.
-Yo, francamente, no entiendo cuando alguna mujer me dice que la chupa sólo porque le da placer al hombre, en el caso de que la chupe. ¡Yo la chupo porque me gusta a mí también! Mal que le pese al resto –decía Candela muy convencida-.
-¡Dí que sí! A mí también me gusta chupar pollas. Y además, soy una sádica. Señores, destripamos sus prejuicios –María hablaba como si estuviera dando una conferencia para convencernos-. Si tengo ganas de hacerle un destrozo a uno, se lo hago, y punto.
Todas estuvimos de acuerdo, eso sí, cada una lo aplicábamos a nuestro drama particular. Candela leyó en la libreta una frase que yo había escrito gracias a Laura y me preguntó, sonriendo tristemente –es posible, sí- de dónde había salido aquello de el pretérito duele.

viernes 26 de junio de 2009

Voy a cambiar la graduación de mis gafas,
así veo las cosas de otra manera
que duela menos
y me ahorro cambiar de nuevo los cristales.

Lo peor es la pena, cuando vuelve porque sí
y se desbaratan las hipótesis constructivas,
las ideas preconcebidas de lo desconocido,
y se vuelve a la estupidez de siempre.

Lo peor es lo absurdo, la conciencia
de que es inútil
estar aquí sentada vomitando estas palabras
que luego querré borrar.

Cuando en el fondo nada importa demasiado,
las cosas pasan solas, no se borran pero se esconden,
aparecen cambios y de seguro
me olvidaré algún día de buscarte.

Sí, seguro que un día me río
al pensar que tenía esperanza desesperanzada,
nada más hiriente que eso ahora mismo.

Pero qué carajo. Yo había escondido
tu ausencia muy lejos. Va a ser la menstruación, seguro.

Sí, seguro que cuando salga a la calle
la música se mezclará con mis pasos y beberemos tinto,
nos reiremos de esta mierda de situación
y nos pondremos maduras con experiencia.

La vida me lleva hacia el sol y por eso
no trataré de cerrar los ojos.

viernes 12 de junio de 2009

martes 26 de mayo de 2009

Moi, je joue.

Sé que existe un erotismo callado en una pequeña parte de ese hombro claro que deja entrever su camiseta verde, sé que es mejor no verte para no desearte, cambiar los lugares por los que transitamos donde a veces es inevitable que dos puntos como nosotros se encuentren. Aquí no hay sólo un hombro, hay un hombro, unos cabellos mal cortados y un cuello que suda, unas manos grandes que no son más que un dulce recuerdo cuando se rescatan del último cajón. Aquí hay sólo ausencias: muy distintas, eso sí, lo cual resulta a veces hasta divertido. Cambiar escenas, cambiar características llamativas, pies, labios, algunos aún desconocidos. Presencias pocas, apenas un atisbo, un asomo por casualidad cuando menos lo espero. Se fueron, no sé si huyeron de mí o yo de ellos, trato de no buscar explicaciones lógicas o racionales que justifiquen lo pasado, al fin y al cabo, eso no soluciona nada. Pero ah, qué hacer entonces, en medio de esta tregua vacía plagada de sombras sin nombre, algún asomo desconocido no me basta cuando una quiere entrar, llegar lo más al fondo posible. Estos ojos abiertos, este corazón fragmentado y luego mal cosido, este estigma de buscadora que tiene casi plena conciencia de lo efímero, de los finales inevitables que siempre llegan antes de lo que debieran. No, yo no me canso. Opto por jugar, con las uñas de rojo, a un juego que yo misma me invento porque nunca nadie me enseñó a darme porque sí, sin luces tenues ni versos de por medio. Opto por crear una mezcla de ejemplos que no deberían seguirse nunca, pero a los que me siento unida mediante lazos muy fuertes. Sé que hay cosas que nunca voy a alcanzar por más que quiera, y aunque trate de intentarlo una y otra vez, la transparencia va pegada a mí y no ha conseguido deshacerse aún entre tantas frivolidades. Aquí todo termina acabando, hay presencias que se estiran y otras se encogen, eso es lo de menos. Yo siempre juego de la misma manera, entrego mis trozos y mis trazos y me vuelvo a casa con las manos vacías.

sábado 23 de mayo de 2009


Muero de amor por todos ellos;
les doy mi cuerpo para que lo pisen

''Unos cuerpos son como flores'', Los placeres prohibidos (1931)
Luis Cernuda

viernes 22 de mayo de 2009

Teach me tiger.


la mujer rota
rotísima resquebrajada quiebra sueños
dime
¿qué ves cuando te miras al espejo?
pasión inútil, ganas infinitas, ansia de horizontes
y suciedad
mucha suciedad adherida al cuerpo
tus restos
una imagen inmóvil, fría

¿para qué los recuerdos? ¿dónde la unión?

la mujer rota
con tambores que le golpean el corazón
de rodillas
a gritos a susurros
pide un cuerpo en el que perderse
volver a perderse
y quitarse los miedos
y otros despojos

¿hasta cuándo este entrar sin salir nunca?

la mujer rota
que no tiene más dogma
que yacer

en el blanco más impuro
donde tiembla, desaparece

sábado 16 de mayo de 2009

A Laura.

Te lo advierto:
Si te acercas a sus ojos
Te verás devorado
Por cientos
De escarabajos negros.

(Laura C. García)

La gente tiene cuchillos en las manos
Y juega a acariciarse.

(David Eloy Rodríguez)



Cada rincón de tu cuerpo
Quedará teñido de un rojo inquebrantable.

Se apagará la luz, se despedirán las tiendas,
Tendido en tu cama pequeña cerrarás los ojos.

Cerrarás los ojos y verás sólo ausencia

De la chica con ojos de escarabajos negros,
Que no sabe andar todavía con tacones,
Que tiene las uñas rojas a medio pintar,
Los labios rosados y rotos por unos besos
Siempre de mentira.

De la chica con ojos de escarabajos negros,
Que sale de casa con una astilla clavada
En alguna esquina recóndita de su órgano,
Que espera siempre, pese a todo,
Que salga la luz de las grietas en la pared.

Cerrarás los ojos y verás sólo tristeza,

Pero no será tuya sino de ella, tristeza
Entre los dedos de sus minúsculos pies,
Detrás del pendiente de su oreja,
Atravesada en el estómago, adherida
A la suela de sus zapatos altos
(Con los que no sabe aún andar).

Cada rincón de tu cuerpo
Echará de menos su lengua imparable,
Sus dedos, magníficos exploradores,
Sus uñas clavadas fervientemente en tu hombro.


Pero no volverá nunca más

A tu cama pequeña ni a tus brazos como nubes
Que ni siquiera intentaron atraparla.

Pero no volverá nunca más

A escuchar tus discos de vinilo, ni a cruzar
Sus ojos con los tuyos en el pasillo.

Ya no te buscará entre las hojas verdes,
No se tenderá en la cama, no abrirá jamás sus piernas
Pidiendo en silencio tu cuerpo raquítico.

Cada rincón de tu cuerpo
No será más que ceniza en un aire seco.

Nacerá la noche y el calor de su alma, la chica
Con ojos de escarabajos negros
Bailará en medio de cuervos ansiosos,
Su cuerpo dibujará espirales que atrapen sueños

De otros síntomas de muerte,
De otras entregas siempre devueltas a su origen
Rotas en el camino, largo y terrible,
De nuevos sabores desconocidos, un olor inevitable
A sexo despierto entre las sábanas.

En cada cama blanca dejará un trozo
De corazón rojo oscuro que trepará por las paredes,
Inundando de sangre su ausencia.

Y en una esquina de tu cuarto sólo quedará
Un escarabajo negro, al acecho.

jueves 7 de mayo de 2009

The Greatest

Ya conseguí unos zapatos altos para alcanzar tu beso

(No me hagas bajar de ellos...)

domingo 3 de mayo de 2009

La distancia adecuada

Unos tacones negros para un domingo de sol
esa canción de fondo que dice que nunca para tí es quizás
cambios repentinos, absurdos y sin fundamento

Tu aparición en medio de aquel desastre de oleaje
inevitablemente dañino, céntrico y triangular
o lo que es lo mismo: imposible, que va junto a búsqueda

Calmarte fingiendo que me alejo sin razones, que vengas
que te acerques sin más como yo quiero que lo hagas
lentamente, saber por dónde vas, abrirme un poco

No atender a tus llamadas, hacerte esperar y luego
enseñarte mi vestido nuevo de lunares blancos, mis manos
y al final de todo lo que los dos queremos

Con placer, con calma, con impulsos, con una dignidad invisible,
con la casualidad que nos ha cruzado desde hace ya mucho,
con dos ojos los nuestros que se chocaron y al final...

lunes 16 de marzo de 2009

Llegué hacia ti en una nebulosa gris tan extraña y desconocida, el verdadero rostro de la espontaneidad que me sobresaltaba al estrecharte tan bruscamente entre mis pequeños brazos, tu cuerpo y tu olor completamente dentro de mí en un lugar que no tiene nombre, como la primera caricia de hace ya más de dos meses, tiempo incontable más allá del que somos capaces de percibir nosotros, que no tiene números, una mezcla quizá homogénea o quizá heterogénea, bien poco importa siendo mezcla que no entienden esos hombres de lógicos razonamientos con los que siempre nos topamos sin mirarlos, tú y yo en este mundo inabarcable, ni siquiera tu mente puede ser rozada instantáneamente por mis dedos, sólo eres quien imagino, quien alcanzan mis ojos a ver, apenas una ráfaga de tí mismo, un trazo de carboncillo que aún no tiene forma ni contenido, y sin embargo, y sin embargo el amor, llamémosle amor, aquí en mi regazo, mi amor que debería bastarte y el tuyo que no se deja ver en los rincones de calles con nombres que nunca recuerdo, sé que tus ojos, sé que tus manos, sé que tu pecho me abrigaban, como un gorrito colorido que tapa las orejas en invierno, como unas sábanas de franela después de una calle fría casi congelada, tu amor que me serviría de puente si no fuera porque no hay otro lado más allá, si no fuera, si fuera, y condicionales inválidos para ese monstruo grande y dañino que se dice llamar realidad, si no fuera porque cada paso que doy es una búsqueda, si no fuera porque cada hombre en moto se transforma absurdamente en vos, y son meras palabras, hay algo más que no puede decirse y que duerme siempre conmigo, cada noche y cada día que soporto la luz del sol, nunca falla, nunca apareces y cuando se abre un liviano destello de luz así nomás se desvanece, cuando empiezo a sentirlo y a pensar que todo es tan hermoso, si no fuera porque no estás aquí y no puedo decirte cursilerías que levantan sonrisas sinceras, siempre irremediablemente el condicional, inevitablemente pluscuamperfecta lanzo palabras repetidas que ya no me sirven de guía, me nacen y van reproduciéndose y después mueren, apartadas en algún rincón en este ciclo natural, suena un piano triste que se derrama por la pared azul, todo es blues cuando no estás y si estás sólo quisiera una presencia así palpable y tranquila, mera contemplación sin atributos innecesarios, quisiera mirarte tres horas sin decir nada y decirlo todo, tu amor que no me sirve de puente, y qué triste, tan triste oyendo al cínico Horacio que quiere un amor pasaporte, amor pasamontañas, amor llave, amor revólver, amor que le dé los mil ojos de Argos, la ubicuidad, el silencio desde donde la música es posible, la raíz desde donde se podría empezar a tejer una lengua*, tejer una lengua, tejer caminos entrecruzados e infinitos...

'Merde, alors. ¿Por qué no? Hablo de entonces, de Sèvres-Babylone, no de este balance elegíaco en que ya sabemos que el juego está jugado.'*

*Julio Cortázar, Capítulo 93 en Rayuela, 1963.

miércoles 4 de marzo de 2009

Hace tanto frío, el viento sopla fuerte y me despeina, caen algunas gotas solitarias que mojan el cigarrillo, el viento se topa con mi ventana grande una y otra vez, los apuntes sobre la mesa, la nostalgia. Tus ojos que ya no me miran, tus pasos que ya no andan con los míos, tu mano que no me roza, tus palabras que ya no leo cuando vuelvo a casa después de un día larguísimo, mezcla de literatura e historia, crucigramas y filetes de pollo. Es la cotidianidad que salva, los libros acumulándose en la mesa, algunas obligaciones odiosas, una vida tranquila, agradable, y la nostalgia. Camino por calles tremendamente transitadas y sólo tengo ojos para buscarte, sin acierto. Nunca, nunca estarás donde te busque. Encontrar respuestas... sólo hay una que se llama realidad. Suena algo así como pum, con p y no con b, que suena como más violento. Pero la realidad nunca nos gustó demasiado. Ese tipo de personas que prefiere antes un libro, una canción, un callejeo inútil con pensamientos de la misma clase, que ceder ante sus chantajes. Cedimos, nos desbordábamos. Ahora yo también me desbordo. Me desbordo en lo incoloro, en el sinsabor de esta tristeza gastada y absurda, en esta nostalgia que echa de menos algo que muy lejanamente sigue estando, lo sigo sintiendo, eso es lo más raro de todo, que sigues estando. No sé dónde, quizá en las flores moradas y amarillas que me regalaste y que duermen secas en un portalápices, quizá en aquella escena de American Beauty, o en Rayuela... sí, sobre todo estás en Rayuela, en Oliveira, sí. También estás en mis manos... inevitable, así todo, y cómo duele saber que estés y que no te vea. Escuchar Amore disperato y cerrar los ojos y soñar que te dejo el cd en tu casa sin que sepas que he sido yo, imaginarte escuchar la canción con el gesto perplejo... que todo se desborde otra vez y nos unamos. Siempre me tiraron demasiado los imposibles, menos mal que la literatura.

viernes 20 de febrero de 2009

Le désir, l'endroit où on se voit,
loin des autres choses.
C'est toujours le désir.
Pas l'amour.

L'amour, c'est seulement moi.
Pas toi.

domingo 15 de febrero de 2009



''Cristales de tu ausencia acribillan mi voz,
que se esparce en la noche
por el glacial desierto de mi alcoba.
-Yo quisiera ser ángel y soy loba-.
Yo quisiera ser luminosamente tuya
y soy oscuramente mía.''

Obras incompletas, Gloria Fuertes.

jueves 5 de febrero de 2009

Otra suma de absurdos.

Te tengo grabado en todo el cuerpo, en cada esquina apenas inapreciable hay un hueco vacío y oscuro que has dejado y que echa de menos tus manos grandes, tus dedos duros de hombre que escribe mucho. Cada vez que abro la ventana es para olvidarte, encender un cigarrillo y pensar únicamente en ese mismo gesto cotidiano que ya se ha convertido en monótono. Cuando subo al autobús pienso en dejarte a un lado, en olvidar tus labios que me atraviesan entera si se cruzan de casualidad con los míos, y pienso que no debería confiar en tí, pienso que eres un desconocido que planea un atentado para matar lo pequeña que soy. Entonces te vas lejos hasta que no alcanzo a verte, más lejos de lo que estás ahora, lejísimos, y a mi me va matando la espera cada segundo, miro la pantalla, me echo en la cama a rayas con los ojos cerrados, y me levanto pensando en lo estúpida que puedo llegar a ser a veces. Cómo saber si esto se llama amor o tiene otro nombre, cómo saber si te quiero o si es sólo un deseo infinito que no puedo matar por más que lo intente. Y escucho voces que me dan miedo, aunque sean voces amigas, voces que gritan el mal y que impulsan al abandono repentino, las oigo y a veces incluso asiento dándoles la razón pero no puedo desligarme de ti, de tus palabras y de tus manos. No puedo evitar desear que acabemos otra vez en una cama, me da igual que sea de noventa o el doble, quiero ser yo esta vez quien te ate las manos sin dejarte hacer nada más que sentirme, recorrerte entero y que te sientas tan bien que pienses que no vas a volar con nadie más que conmigo. Que tus palabras me atraviesen el corazón con millones de agujas y que nos bebamos su sangre, escribirte en la piel con tinta negra imborrable que esto no es más que sexo, ternura y misterio. No puedo evitar querer que nos encontremos de nuevo por casualidad en una calle estrecha y céntrica, y que tomemos un café o una cerveza y rozar con mi pie izquierdo tus piernas, sin que nadie se de cuenta de lo mucho que nos gusta jugar a este juego sin nombre que me hace daño y te hace daño y nos llena de un placer enorme todos los resquicios que fue dejando el mundo en nosotros.

jueves 22 de enero de 2009

El misterio del que te rodeas

Aunque van creciendo las espinas, sigo haciendo juegos malabares
Doctor Deseo

Noche primera, Valente, obras completas de Cortázar en una estantería sobre la cama baja. Ausencias intangibles y olvidadas, ausencias que no dañan. Sólo existía lo palpable, el deseo, unos pies fríos bajo el edredón. Una hermosa combinación de tactos y emociones entrelazadas a la perfección.

Nubes blancas, evasión, mi cuerpo se mueve entre las notas de una canción electropop, entre los versos de un poema de Belli. Un viaje celestial que sólo yo siento, imágenes ya no fantasmales en mi cabeza, sueños que se superponen unos a otros en mis trayectos cotidianos, en mis noches de ventana abierta.

Búsqueda incansable e infructuosa. Tu cuerpo ausente se expande en otros desconocidos, y en realidad, la coincidencia es irreal. Pero mi mirada continúa atravesándolo todo, intentando llegar a donde estás. No lo consigo. Y el ruido de una moto detrás mía hace que mi corazón se vista de gala. Atributos innecesarios. Por si apareces.

Entrada lenta y consciente en terreno desconocido. Transgresión y erotismo de la mano, como nunca antes. Palabras casi antónimas que se mezclan en mi cabeza: hay fuerza, hay seguridad, pero también hay miedo. Tu rostro se deforma de a poco y me asusto. Conspiraciones. Dejo de saber dónde estoy.

Esperanza justa y difusa. La fuiste aspirando sin que nos diéramos cuenta, y ahora me sorprendo por no tratar de pedirte más de lo que puedes darme. ¿Qué puedes darme? Yo te doy todo lo mío, porque quiero dártelo. En la entrega mi corazón brilla, se crece. Yo te doy la desnudez y las palabras, que son todo lo que tengo.

Principios, condiciones... una manera de aferrarse a la feminidad, de permanecer siempre en un mismo lugar también distinto. En mi transparencia hay también firmeza. Quizá tú no lo sepas. Pero cuando tú aspiras a poseerme es porque me necesitas de verdad. Tú me posees, yo te sigo. Y en realidad yo te poseo, tú me sigues. Y sin embargo el misterio.

lunes 19 de enero de 2009

(...)
Y cómo yace tu cuerpo anclado sobre el mío
Suave
Y cómo explicarlo con palabras si prefiero sentirlo.

domingo 18 de enero de 2009

me pasea los dedos por la piel y me dibuja en el espacio, en vilo, hasta que el beso se posa curvo y recurrente

Julio Cortázar



Escucho a Ella Fitzgerald, aquella mujer que decías tenía una de las voces más bonitas del mundo. Coincido contigo, como en tantas otras cosas hermosamente incontables. Ahora mismo viajo a través de nubes blancas en un espacio-tiempo que parece completamente irreal por el éxtasis que me provoca. Ya sólo soy un corazón grande y rojo, rojísimo, que palpita esperando un reencuentro. Toco tu boca....y todo recupera mágica e inesperadamente el sentido. Siento la dureza y la delicadeza de tus labios infinitos que me atrapan en una espiral. Y qué torpeza la nuestra al imaginar que seríamos capaces de estar enfrente sin tocarnos siquiera con un dedo. Para qué desterrar un deseo inevitable que persiste más allá de estúpidas negaciones, tú y yo somos la más pura transgresión cuando nos rozamos. Somos el equívoco consciente y persistente, la inexorabilidad de unas ganas tantas veces contenidas, la asimetría y la afinidad en un mismo espacio. Ya no deseo otra realidad que una cama contigo bajo el edredón, ese ir y venir de tu tacto y el mío en unos cuerpos extrañamente reconocibles que son los nuestros. Ya no quiero más ausencia, quiero que nos acerquemos y me cojas, besarte hasta que tu lengua sea mi lengua, tu saliva la mía para siempre. Enredarme contigo pensando que podría ser completamente cierto que no hubiera entonces nada más que eso, un nosotros temblando como una luna en el agua. Nosotros y nada más, sin relojes que marquen un adiós impreciso e injusto, de noche y de día. Contigo hasta que dure este probable efímero siempre.

jueves 8 de enero de 2009

oblígame a gritar al fin mi verdadero nombre
Julio Cortázar

compartimos sólo un desastre lento
Rosario Castellanos


sé que no se llama amor esto que me recorre
aunque podría ser una manía eso de catalogar
no sólo las cosas sino también los sentimientos
pero en la etiqueta se siente uno no más cómodo
sino menos solo y con una palabra que dice la emoción

emoción que persigue dentro y fuera de horario
obsesión palabra grande que me acompaña
como si esto fuera completamente nuevo o
algo nunca jamás planteado en todos los días
que llevo recorriendo paso a paso la vida

creo que lo que pasa no es tan complejo
la realidad ha llegado como un monstruo grande
que guarda bajo sus pies todo lo demás
es decir los sueños las fantasías los escondites
ha llegado y está justo enfrente mía mirando

yo tan pequeña no alcanzo a comprender
que es ella quien me andaba persiguiendo
intentando de todas las formas posibles
que sucumbiera al poder que ella sustenta
que sucumbiera a todo lo palpable

sucumbir al tacto cuando te despeino
sucumbir al tacto cuando me das tu mano
sucumbir al deseo cuando te pido un beso
sucumbir al deseo cuando me lo concedes
sucumbir a tu cuerpo y al mío

al juego que comenzaste y continúo
a tu cama blanca que me espera a tu puerta
que se abrirá para que yo pase a tus manos
que recorrerán todos mis secretos al fantasma
que fuiste y que hoy para siempre dejarás de ser

despojarme de la ropa y de los miedos
dejar todos mis sueños en un rincón oscuro
entregarme hasta que no me quede nada
o me quede un resquicio enorme en el corazón
o me quede mirándote hasta que amanezca

sábado 3 de enero de 2009

confianzas... esencial

Hoy Juan habla por mí... Yo lo que deseo para este año es que cada uno siga haciendo (o en su defecto, comience a hacer) aquello que más le llene... por muy inútil que sea. Es más... si es inútil, mejor.



se sienta a la mesa y escribe
«con este poema no tomarás el poder» dice
«con estos versos no harás la Revolución» dice
«ni con miles de versos harás la Revolución» dice

y más: esos versos no han de servirle para
que peones maestros hacheros vivan mejor
coman mejor o él mismo coma viva mejor
ni para enamorar a una le servirán

no ganará plata con ellos
no entrará al cine gratis con ellos
no le darán ropa por ellos
no conseguirá tabaco o vino por ellos

ni papagayos ni bufandas ni barcos
ni toros ni paraguas conseguirá por ellos
si por ellos fuera la lluvia lo mojará
no alcanzará perdón o gracia por ellos

«con este poema no tomarás el poder» dice
«con estos versos no harás la Revolución» dice
«ni con miles de versos harás la Revolución» dice
se sienta a la mesa y escribe

jueves 25 de diciembre de 2008

te he soñado tantas veces,
primero sin rostro cuando tu cara era
un gran signo de interrogación
después más bien convertido ya
en algo parecido a esto ! tras contemplar
silenciosamente cómo apretabas
los labios al decir cualquier cosa
por ejemplo quiero hacerte el amor
quiero, quería... en fin, ese deseo
que no deja de perseguirnos ni por el día
cuando hay que bajar a por una barra de pan
y la luz del sol nos cierra los ojos ni por la noche
cuando en la cama la imaginación
se resiste a dormir a apagarse,
y te vuelves de nuevo el protagonista por más
que yo trate de darte un papel secundario,
y me esperas en cualquier esquina céntrica,
vamos a un hostal que tú pagas
como Nana y su cliente en Vivir su vida,
y allí mismo donde tantos otros
una noche cualquiera de frío invierno
espero a que salgas del baño con la espalda
amorosamente anclada en la pared,
y me entiendes y me empujas
no sé hacia dónde y trato de rehuir tus besos
agachándome cerrándome huyéndote
sintiendo el deseo de gritar desde lo más hondo
de cada poro de este cuerpo que late
junto al tuyo, y ya no más se resiste;
ahora acaba un juego empieza otro,
te beso con toda la violencia que he guardado
y te muerdo suavemente una oreja,
y te recorro desde ella hasta el hombro
haciendo eses círculos con la lengua,
me atrapas te atrapo nos atrapamos
en laberintos desconocidos en lugares
siempre ocultos en las esquinas
de nuestros cuerpos ardientes en el reconocimiento
de sabernos dos y no uno
de sabernos dos que ya se saben y no se asustan,
de sabernos dos que se mezclan y se olvidan
por haber sucumbido a esos placeres prohibidos,
por tanta nuestra inevitable simetría,
por seguir desde ahora y para siempre
la seductora encendida señal del deseo.

miércoles 17 de diciembre de 2008

poemas de autobús II

la ciudad se levanta de la cama,
despiertan todos los sueños,
amanecen rostros cansados
compañeros del largo trayecto;
los pasos se desperezan de a poco,
los ojos van dejando paso a la luz artificial del colectivo

de todos nosotros nace este nuevo día
que comienza con luces rojas y verdes,
entrecruzadas, confundidas en este día
en el que el sol no se despierta,
como tantos otros, hasta eso de las ocho y media,
hasta que de verdad amanezca y
se proyecte junto a la sombra en los adoquines;

como esos amantes que aunque contrarios
no conciben la posibilidad de separarse

hasta entonces, hasta que la luz cegadora
no atraviese hasta el lugar más recóndito de nuestros cuerpos,
este tiempo-espacio de semáforos y coches,
no se hará la mañana y sus quehaceres,
tiempo intermedio que careces de etiqueta,
ciudad despierta en medio de la noche.

sábado 6 de diciembre de 2008

Me pregunto por qué la noche sigue siendo siempre triste, por qué este orden aparentemente armónico de las cosas no es sino la prueba viviente, tangible, enorme, dañina, de que algo falta, algo que siempre desde hace innumerables siglos busca el hombre -no sé si es porque no lo ha encontrado; me resisto a aceptar tal cosa, esa es la mayor de las tristezas; las mías son muchas pero pequeñitas, aunque no sé ahora mismo qué es peor- eso que solemos nombrar como si fuera algo presente siempre en nuestras vidas, cuando no es así, cuando sólo es posible olerlo a distancia, palparlo fugazmente, sentirlo como un destello de luz que se apaga. Supongo que no hace falta nombrarlo, y supongo también, aunque sin estar muy segura, que es lo único que podría salvarme en este momento, en este momento y en todos los que se parecen a este, a este estúpido vacío inconformista, a este exceso de materia inútil que me rodea; en definitiva, a mi vida, esa palabra grande y pequeña, pesada y liviana, donde la tristeza inunda con precisión todas sus grietas, todas estas noches invernales, hasta cuándo.

miércoles 3 de diciembre de 2008

poemas de autobús I

si hay que decir adiós
por un puñado de monedas...

no olvidar las raíces
que al fin y al cabo
crecieron sin ayuda;

si hay que liberarse de esa carga
tan pesada que es la costumbre,
occidente te responderá
abriendo sus brazos
(de seguro, también, tu trasero...
el intercambio ha de ser mutuo)

pero si algo no has de hacer
es desterrar la humildad con la que viniste,

quizá al otro lado del mar sobre;
aquí se echa en falta
aunque las monedas anden por las esquinas

jueves 13 de noviembre de 2008

la vida pasa (y pesa)

año 2005
...how wonderful life is, now you're in the world. (y no estabas)
año 2006
madrid deshabitado como mi colchón. mis ganas de vida ahora después de unas horas en la calle se multiplican por mil. es inevitable buscar eso que nunca vas a encontrar, eso que crees que necesitas, pero que ni siquiera existe. soñando estar bajo tu ropa. a mi derecha tengo la carta que hace un par de días alguien me escribió. no merece mucho la pena pero voy a contestarle. aún seguimos vivos, o eso dice la canción. para mi hay momentos a veces demasiado grandes en los que la vida se para, no sé si la de los demás también, pero mi vida se queda totalmente quieta, sólo mira, apenas escucha, y la cabeza va mirando hacia abajo y ensimismándose cada vez más. me gustaría que los días fueran lluviosos, pero que no hiciera demasiado frío. ponerme mi chaleco verde y salir a la calle para coger el autobús y tomarme un café contigo, llegar con el pelo mojado y el cigarrillo igual. hablar y hablar hasta no ser conscientes de que estamos el uno al lado del otro. no se escondía el mar tras sus ojos verdes. necesito que me miren como él. de la misma manera. que me toquen tímidamente en lugares donde nunca nadie piensa tocar. tal vez si tuviera más tiempo, si no estuviera tan limitada, me quedaría dormida en el sofá del sótano, echada en tu hombro. te tocaría el pelo y sería diferente a los anteriores. clava hoy tus raíces en mi. nunca pensé que pudiera llegar a quererte tanto. que nada más verte podría predecir algo que se ha hecho realidad. hay veces que tengo suerte y acierto en la cara de bondad de algunas personas. eso me gusta. puede servir para comprar un par de litros de cerveza. siempre que salgo a la calle te echo de menos, aunque sea un momento, siempre te necesito al lado, para abrazarte, o darte un beso, o decirte que te quiero mucho. tengo tanto miedo de que pase algo. de que se rompa lo que aún tiene que crecer mucho más. por eso te pido perdón incluso por todo lo que no te he hecho, aunque suene tan ridículo. necesito un café contigo a la semana. o invitarte a un cigarrillo. yo también dije esas mentiras, hoy no me pidas que las repita. la noche es siempre triste y se hace tarde, mientras las palabras no dejan de volar por la habitación. podría llover mañana.
año 2007
donde yo estoy no queda nada. la puerta está siempre abierta, pero nadie entra; a lo sumo alguien se asoma, y sigue caminando. / puedo ofrecerte mis miedos, pero sólo si los transformas en certezas; no quiero que plantes en mi nada que luego vayas a dejar secar. eso ya me lo conozco. / no es fácil sentir que sea verdad, pero si lo conseguimos prometo darte lo que queda de mi corazón, encogido y mil veces vomitado. si lo conseguimos no podrás soltarme la mano, al menos hasta que la otra no esté también agarrada a algo. / y no es culpa mía tener que escribir esto, ni tener que esperar doce horas al día a que aparezcas. sólo que aquí hace tiempo ya que nadie entra; la puerta abierta en la desordenada habitación.
año 2008
sigo esperando (te)

sábado 8 de noviembre de 2008

Pulse para bajar

Si el mundo dice: “Esto es lo que hay”, hay un nosotros que responde: “No puede ser sólo eso”.
(Marina Garcés)


Pulse para bajar si quiere
despegarse la mierda de la mente
obviar todo lo inevitable
que ocurre cuando sus pies
se posan en el suelo

Pulse para bajar si ansia
cambiar lo que no le gusta
de todo lo que contempla
fuera y dentro de su vida

Pulse para bajar si desea
girar hacia el otro lado
que está más bien oscuro
y que sin embargo será mejor
que el lado en que se encuenra

Pulse para bajar si le gustaría
pintar de otro color las paredes
quitarle cinco pisos a los edificios
desmantelar las aceras y plantar
unos cuantos árboles grandes

Pulse para bajar si le cansa
el paso lento de los días iguales
la vida misma tan gastada
que no se puede exprimir más

Pulse para bajar si imagina
que hay algo más que esto
que no puede ser verdad
todo lo que está y no está

Pulse para bajar si quiere
irse tan lejos que no puede
alcanzar a ver qué habrá
en ese lugar que existe
sólo porque tú lo crees

domingo 28 de septiembre de 2008

escucho el rumor de la lluvia tras los cristales
de esta ventana que me ofrece
edificios y aceras mojadas, resbaladizas;
si salgo meto los pies en los charcos,
huelo la tierra, cierro los ojos,
único paisaje monocromo en el que habitas;
todos los rincones sienten este vacío
de días grises y espacios cambiantes,
yo también lo siento recostada en la cama
con los pies congelándose poco a poco;
yo también lo siento en avenidas amplias
por donde pasa gente y no veo a nadie,
sólo rostros que están lejos de mí,
inabarcables, como todo a mi alrededor
en estos días que no para de llover
fuera y dentro de mis ojos.

¿Quién anda ahí?

who's online who's online