tenía que ser así no hay otra manera de salir del asco las máscaras oh las máscaras cómo hieren tan profundo incluso en el espíritu sí el espíritu que nunca llegaremos a ver que no sabemos si quiera si existe en lugares recónditos de la ciudad podrida
podrida como yo y como todos inercia como bandera inercia como forma de vida gastada y maltratada
no hay fe
no hay fe
hay asco
rabia
y asco
podrida como la ciudad como las viejas de labios rojos triste tan infinitamente triste como esos hombres que me venden pañuelos a la hora del semáforo para que me seque las lágrimas de la impotencia
mierda y más que mierda cómo puedo confiar en algo si sólo veo desastres dentro y fuera de mí
las sombras sólo hay sombras sólo son sombras
desordenadas como siempre lo estuvo todo y la pureza sólo está allí donde lo perturbado se conjuga con lo inocente
no no pienses más en la felicidad
nadie te joderá más como aquel que más te ama
pídele que te joda
su dolor será tu bálsamo tu bálsamo
en el mundo de las sombras que me asolan
viernes, 26 de febrero de 2010
miércoles, 17 de febrero de 2010
La notte II
Búsqueda incansable, desorbitada, de las cosas puras, aún a sabiendas de que posiblemente esa búsqueda sea sólo fruto de la contaminación incesante que es el mundo frente a mí, que no soy otra cosa sino corazón envuelto en un humo que desprecio y con el que lucho hasta en los sueños más apacibles.
A esto me gusta llamarlo éxtasis, tal vez porque siempre me gustaron las cosas improductivas mediante las cuales éramos sólo tinta negra en papel rayado. Una suerte de pared invisible me envuelve y me tapa los ojos frente al afuera. Estoy yo sola y, como dijo Borges, ''no hay nadie en el espejo''.
***
A esto me gusta llamarlo éxtasis, tal vez porque siempre me gustaron las cosas improductivas mediante las cuales éramos sólo tinta negra en papel rayado. Una suerte de pared invisible me envuelve y me tapa los ojos frente al afuera. Estoy yo sola y, como dijo Borges, ''no hay nadie en el espejo''.
Tu es pure, tu es encore plus pure que moi-même.
Celle de toujours, toute,
Capitale de la douleur, Paul Éluard.
Celle de toujours, toute,
Capitale de la douleur, Paul Éluard.
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