te he soñado tantas veces,
primero sin rostro cuando tu cara era
un gran signo de interrogación
después más bien convertido ya
en algo parecido a esto ! tras contemplar
silenciosamente cómo apretabas
los labios al decir cualquier cosa
por ejemplo quiero hacerte el amor
quiero, quería... en fin, ese deseo
que no deja de perseguirnos ni por el día
cuando hay que bajar a por una barra de pan
y la luz del sol nos cierra los ojos ni por la noche
cuando en la cama la imaginación
se resiste a dormir a apagarse,
y te vuelves de nuevo el protagonista por más
que yo trate de darte un papel secundario,
y me esperas en cualquier esquina céntrica,
vamos a un hostal que tú pagas
como Nana y su cliente en Vivir su vida,
y allí mismo donde tantos otros
una noche cualquiera de frío invierno
espero a que salgas del baño con la espalda
amorosamente anclada en la pared,
y me entiendes y me empujas
no sé hacia dónde y trato de rehuir tus besos
agachándome cerrándome huyéndote
sintiendo el deseo de gritar desde lo más hondo
de cada poro de este cuerpo que late
junto al tuyo, y ya no más se resiste;
ahora acaba un juego empieza otro,
te beso con toda la violencia que he guardado
y te muerdo suavemente una oreja,
y te recorro desde ella hasta el hombro
haciendo eses círculos con la lengua,
me atrapas te atrapo nos atrapamos
en laberintos desconocidos en lugares
siempre ocultos en las esquinas
de nuestros cuerpos ardientes en el reconocimiento
de sabernos dos y no uno
de sabernos dos que ya se saben y no se asustan,
de sabernos dos que se mezclan y se olvidan
por haber sucumbido a esos placeres prohibidos,
por tanta nuestra inevitable simetría,
por seguir desde ahora y para siempre
la seductora encendida señal del deseo.
jueves, 25 de diciembre de 2008
miércoles, 17 de diciembre de 2008
poemas de autobús II
la ciudad se levanta de la cama,
despiertan todos los sueños,
amanecen rostros cansados
compañeros del largo trayecto;
los pasos se desperezan de a poco,
los ojos van dejando paso a la luz artificial del colectivo
de todos nosotros nace este nuevo día
que comienza con luces rojas y verdes,
entrecruzadas, confundidas en este día
en el que el sol no se despierta,
como tantos otros, hasta eso de las ocho y media,
hasta que de verdad amanezca y
se proyecte junto a la sombra en los adoquines;
como esos amantes que aunque contrarios
no conciben la posibilidad de separarse
hasta entonces, hasta que la luz cegadora
no atraviese hasta el lugar más recóndito de nuestros cuerpos,
este tiempo-espacio de semáforos y coches,
no se hará la mañana y sus quehaceres,
tiempo intermedio que careces de etiqueta,
ciudad despierta en medio de la noche.
despiertan todos los sueños,
amanecen rostros cansados
compañeros del largo trayecto;
los pasos se desperezan de a poco,
los ojos van dejando paso a la luz artificial del colectivo
de todos nosotros nace este nuevo día
que comienza con luces rojas y verdes,
entrecruzadas, confundidas en este día
en el que el sol no se despierta,
como tantos otros, hasta eso de las ocho y media,
hasta que de verdad amanezca y
se proyecte junto a la sombra en los adoquines;
como esos amantes que aunque contrarios
no conciben la posibilidad de separarse
hasta entonces, hasta que la luz cegadora
no atraviese hasta el lugar más recóndito de nuestros cuerpos,
este tiempo-espacio de semáforos y coches,
no se hará la mañana y sus quehaceres,
tiempo intermedio que careces de etiqueta,
ciudad despierta en medio de la noche.
sábado, 6 de diciembre de 2008
Me pregunto por qué la noche sigue siendo siempre triste, por qué este orden aparentemente armónico de las cosas no es sino la prueba viviente, tangible, enorme, dañina, de que algo falta, algo que siempre desde hace innumerables siglos busca el hombre -no sé si es porque no lo ha encontrado; me resisto a aceptar tal cosa, esa es la mayor de las tristezas; las mías son muchas pero pequeñitas, aunque no sé ahora mismo qué es peor- eso que solemos nombrar como si fuera algo presente siempre en nuestras vidas, cuando no es así, cuando sólo es posible olerlo a distancia, palparlo fugazmente, sentirlo como un destello de luz que se apaga. Supongo que no hace falta nombrarlo, y supongo también, aunque sin estar muy segura, que es lo único que podría salvarme en este momento, en este momento y en todos los que se parecen a este, a este estúpido vacío inconformista, a este exceso de materia inútil que me rodea; en definitiva, a mi vida, esa palabra grande y pequeña, pesada y liviana, donde la tristeza inunda con precisión todas sus grietas, todas estas noches invernales, hasta cuándo.
miércoles, 3 de diciembre de 2008
poemas de autobús I
si hay que decir adiós
por un puñado de monedas...
no olvidar las raíces
que al fin y al cabo
crecieron sin ayuda;
si hay que liberarse de esa carga
tan pesada que es la costumbre,
occidente te responderá
abriendo sus brazos
(de seguro, también, tu trasero...
el intercambio ha de ser mutuo)
pero si algo no has de hacer
es desterrar la humildad con la que viniste,
quizá al otro lado del mar sobre;
aquí se echa en falta
aunque las monedas anden por las esquinas
por un puñado de monedas...
no olvidar las raíces
que al fin y al cabo
crecieron sin ayuda;
si hay que liberarse de esa carga
tan pesada que es la costumbre,
occidente te responderá
abriendo sus brazos
(de seguro, también, tu trasero...
el intercambio ha de ser mutuo)
pero si algo no has de hacer
es desterrar la humildad con la que viniste,
quizá al otro lado del mar sobre;
aquí se echa en falta
aunque las monedas anden por las esquinas
Suscribirse a:
Entradas (Atom)