viernes, 23 de octubre de 2009
Hacia dónde voy
Yo amé cuanto pude.
Al principio, abstracciones
con los ojos cerrados.
Luego, acercándome
cuanto me fue posible.
Más tarde, inmersa
en laberintos absurdos,
ardiente la carne.
La materialización
del deseo.
Su disipación.
Yo amé cuanto pude
todos los días del mes
incluidos domingos y festivos.
Amé sin esperanza, siempre.
A punto estuve
de vivir al límite,
de jugarme el corazón en las aceras.
Los muros me lo impidieron.
Cruzó un te quiero
y atravesó la ventana,
sobrevoló los tejados del barrio.
Yo amé cuanto pude.
Pero sólo tuve carne, deseo,
sexo trepando por las paredes,
olores impregnados en mi cuerpo.
Y eso no es triste.
No.
Es, quizá,
lo más puro
de todos mis recuerdos.
sábado, 10 de octubre de 2009
Se me ha acabado
el tabaco.
No tengo ganas de ponerme
a completar los apuntes de Moderna.
Ni de cortarme las uñas.
Ni de pintármelas de rojo.
No me apetece salir a cenar
con los tacones nuevos.
(Aunque sean bien bonitos)
No me apetece
volver a escuchar
Por una cabeza en versión instrumental.
Tampoco
empezar Hamlet.
Ni seguir con Todorov.
Ni continuar con Ryu Murakami
y sus drogas.
No quiero
abrir el papel rayado y suave
de la Moleskine,
ni coger el bolígrafo azul de Cajasol
(Tinta líquida)
Dejaré el francés para otro día.
Es sábado.
Los niños juegan en el patio,
lo veo desde la ventana.
Me voy a ver la televisión
con mi abuela.
el tabaco.
No tengo ganas de ponerme
a completar los apuntes de Moderna.
Ni de cortarme las uñas.
Ni de pintármelas de rojo.
No me apetece salir a cenar
con los tacones nuevos.
(Aunque sean bien bonitos)
No me apetece
volver a escuchar
Por una cabeza en versión instrumental.
Tampoco
empezar Hamlet.
Ni seguir con Todorov.
Ni continuar con Ryu Murakami
y sus drogas.
No quiero
abrir el papel rayado y suave
de la Moleskine,
ni coger el bolígrafo azul de Cajasol
(Tinta líquida)
Dejaré el francés para otro día.
Es sábado.
Los niños juegan en el patio,
lo veo desde la ventana.
Me voy a ver la televisión
con mi abuela.
Nunca me entero de nada (sin sentido)
Nunca atiendo. No sirve demasiado cuando al abrir los ojos han cambiado el decorado y, lo más desconcertante: los personajes. Me han quitado el papel que tenía y a cambio me regalan un asiento en primera fila: algo así. Algo como la consumación.
Volviendo continuamente al principio de todo, no consigo deshacer los nudos que me hacen culpable. No tendría que estar de rodillas, suplicando las palabras. ¿Otra vez me toca largarme en sentido figurado y con el corazón a cuestas? Todas las canciones de amor hablan de entrega. Aunque sea a domicilio. Las mías las devuelven por remitente desconocido.
Que vengas a explicar que todo ha terminado. Receta infalible: coger mi dedo índice, ponérmelo en la boca. Callarme. Condecorarme con el segundo premio.
jueves, 8 de octubre de 2009
El paraíso sobre los tejados, como los gatos nocturnos
Apenas las seis de la mañana,
cuando aún no han amanecido las aceras
volvemos de la hierba y el agua sucia
de un río que nos ensucia el alma
Bajo un muelle de madera
que cruje con unos pasos estridentes
follamos efímeramente
con mis manos arañando tu cuello
Luego dices, sólo somos amigos, ¿no?
porque aún eres demasiado pequeño
para saber de la inutilidad de las palabras
Para saber que a veces, sobre todo
cuando me llevas a tu cama
de sábanas rojas y huellas de gato,
no las necesito
Sólo tu semen imparable
como regalo de despedida a mi garganta
Y cuando vuelvo a casa
apenas las ocho de la mañana
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