martes, 26 de mayo de 2009

Moi, je joue.

Sé que existe un erotismo callado en una pequeña parte de ese hombro claro que deja entrever su camiseta verde, sé que es mejor no verte para no desearte, cambiar los lugares por los que transitamos donde a veces es inevitable que dos puntos como nosotros se encuentren. Aquí no hay sólo un hombro, hay un hombro, unos cabellos mal cortados y un cuello que suda, unas manos grandes que no son más que un dulce recuerdo cuando se rescatan del último cajón. Aquí hay sólo ausencias: muy distintas, eso sí, lo cual resulta a veces hasta divertido. Cambiar escenas, cambiar características llamativas, pies, labios, algunos aún desconocidos. Presencias pocas, apenas un atisbo, un asomo por casualidad cuando menos lo espero. Se fueron, no sé si huyeron de mí o yo de ellos, trato de no buscar explicaciones lógicas o racionales que justifiquen lo pasado, al fin y al cabo, eso no soluciona nada. Pero ah, qué hacer entonces, en medio de esta tregua vacía plagada de sombras sin nombre, algún asomo desconocido no me basta cuando una quiere entrar, llegar lo más al fondo posible. Estos ojos abiertos, este corazón fragmentado y luego mal cosido, este estigma de buscadora que tiene casi plena conciencia de lo efímero, de los finales inevitables que siempre llegan antes de lo que debieran. No, yo no me canso. Opto por jugar, con las uñas de rojo, a un juego que yo misma me invento porque nunca nadie me enseñó a darme porque sí, sin luces tenues ni versos de por medio. Opto por crear una mezcla de ejemplos que no deberían seguirse nunca, pero a los que me siento unida mediante lazos muy fuertes. Sé que hay cosas que nunca voy a alcanzar por más que quiera, y aunque trate de intentarlo una y otra vez, la transparencia va pegada a mí y no ha conseguido deshacerse aún entre tantas frivolidades. Aquí todo termina acabando, hay presencias que se estiran y otras se encogen, eso es lo de menos. Yo siempre juego de la misma manera, entrego mis trozos y mis trazos y me vuelvo a casa con las manos vacías.

sábado, 23 de mayo de 2009


Muero de amor por todos ellos;
les doy mi cuerpo para que lo pisen

''Unos cuerpos son como flores'', Los placeres prohibidos (1931)
Luis Cernuda

viernes, 22 de mayo de 2009

Teach me tiger.


la mujer rota
rotísima resquebrajada quiebra sueños
dime
¿qué ves cuando te miras al espejo?
pasión inútil, ganas infinitas, ansia de horizontes
y suciedad
mucha suciedad adherida al cuerpo
tus restos
una imagen inmóvil, fría

¿para qué los recuerdos? ¿dónde la unión?

la mujer rota
con tambores que le golpean el corazón
de rodillas
a gritos a susurros
pide un cuerpo en el que perderse
volver a perderse
y quitarse los miedos
y otros despojos

¿hasta cuándo este entrar sin salir nunca?

la mujer rota
que no tiene más dogma
que yacer

en el blanco más impuro
donde tiembla, desaparece

sábado, 16 de mayo de 2009

A Laura.

Te lo advierto:
Si te acercas a sus ojos
Te verás devorado
Por cientos
De escarabajos negros.

(Laura C. García)

La gente tiene cuchillos en las manos
Y juega a acariciarse.

(David Eloy Rodríguez)



Cada rincón de tu cuerpo
Quedará teñido de un rojo inquebrantable.

Se apagará la luz, se despedirán las tiendas,
Tendido en tu cama pequeña cerrarás los ojos.

Cerrarás los ojos y verás sólo ausencia

De la chica con ojos de escarabajos negros,
Que no sabe andar todavía con tacones,
Que tiene las uñas rojas a medio pintar,
Los labios rosados y rotos por unos besos
Siempre de mentira.

De la chica con ojos de escarabajos negros,
Que sale de casa con una astilla clavada
En alguna esquina recóndita de su órgano,
Que espera siempre, pese a todo,
Que salga la luz de las grietas en la pared.

Cerrarás los ojos y verás sólo tristeza,

Pero no será tuya sino de ella, tristeza
Entre los dedos de sus minúsculos pies,
Detrás del pendiente de su oreja,
Atravesada en el estómago, adherida
A la suela de sus zapatos altos
(Con los que no sabe aún andar).

Cada rincón de tu cuerpo
Echará de menos su lengua imparable,
Sus dedos, magníficos exploradores,
Sus uñas clavadas fervientemente en tu hombro.


Pero no volverá nunca más

A tu cama pequeña ni a tus brazos como nubes
Que ni siquiera intentaron atraparla.

Pero no volverá nunca más

A escuchar tus discos de vinilo, ni a cruzar
Sus ojos con los tuyos en el pasillo.

Ya no te buscará entre las hojas verdes,
No se tenderá en la cama, no abrirá jamás sus piernas
Pidiendo en silencio tu cuerpo raquítico.

Cada rincón de tu cuerpo
No será más que ceniza en un aire seco.

Nacerá la noche y el calor de su alma, la chica
Con ojos de escarabajos negros
Bailará en medio de cuervos ansiosos,
Su cuerpo dibujará espirales que atrapen sueños

De otros síntomas de muerte,
De otras entregas siempre devueltas a su origen
Rotas en el camino, largo y terrible,
De nuevos sabores desconocidos, un olor inevitable
A sexo despierto entre las sábanas.

En cada cama blanca dejará un trozo
De corazón rojo oscuro que trepará por las paredes,
Inundando de sangre su ausencia.

Y en una esquina de tu cuarto sólo quedará
Un escarabajo negro, al acecho.

jueves, 7 de mayo de 2009

The Greatest

Ya conseguí unos zapatos altos para alcanzar tu beso

(No me hagas bajar de ellos...)

domingo, 3 de mayo de 2009

La distancia adecuada

Unos tacones negros para un domingo de sol
esa canción de fondo que dice que nunca para tí es quizás
cambios repentinos, absurdos y sin fundamento

Tu aparición en medio de aquel desastre de oleaje
inevitablemente dañino, céntrico y triangular
o lo que es lo mismo: imposible, que va junto a búsqueda

Calmarte fingiendo que me alejo sin razones, que vengas
que te acerques sin más como yo quiero que lo hagas
lentamente, saber por dónde vas, abrirme un poco

No atender a tus llamadas, hacerte esperar y luego
enseñarte mi vestido nuevo de lunares blancos, mis manos
y al final de todo lo que los dos queremos

Con placer, con calma, con impulsos, con una dignidad invisible,
con la casualidad que nos ha cruzado desde hace ya mucho,
con dos ojos los nuestros que se chocaron y al final...