jueves, 23 de septiembre de 2010

un poema de antiguo gris


retumba la música la quemadura el corazón hastiado
al menos aquí dentro…



me duelen tantas cosas ahora,
me duele la ciudad y su ritmo abrasador que llega desde el pavimento gris repleto de colillas,
me duele el recuerdo que dejas en cada espacio arquitectónico
sea o no realmente bello,
en las esquinas en obras
en los centros comerciales
o en una escalera mecánica que sube quién sabe donde,
me duelen los adoquines clavados en mis pies
como si de agujas se trataran,
la asqueada inercia con que nos movemos,
la ternura indiferente de sabernos juntos sin explicación alguna,
sin que ninguno de los dos pregunte nada
acerca de las nostalgias, de las ausencias o los afectos
que eran el sentido de nuestro laberinto,

me duele la ciudad, me duele la ciudad entera,
cuando te levantas alegando obligaciones laborales
intentando arreglar los desperfectos con alguna frase amable,
del tipo, me gustaría no tener que dejarte ahora,
dejarme ahora sola con nuestros resquicios,
con eso sin nombre
que nos hace estar sentados en un típico restaurante céntrico,
hablando de conflictos militares
o alguna estupidez de esas
a las que les quito importancia estando contigo,
me dejas ahora sola con todo eso,
con la culpa, con el no saber cómo comportarse,
con dos botellas de vodka llenas hasta arriba
que no hacen más que recordarme
mi destino infame para esta noche.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

verano / ii

Era perfectamente natural que nombraras a Lucio, que te acordaras de él a la hora de las nostalgias, cuando uno se deja corromper por esas ausencias que llamamos recuerdos y hay que remendar con palabras y con imágenes tanto hueco insaciable.
Relato con fondo de agua, Julio Cortázar

Y cada vez tengo más difícil las palabras y sin embargo las imágenes se vuelven la manera exacta que encuentro para explicarme a mí misma este magnífico laberinto. Imágenes que desembocan irremediablemente en unas sábanas que logran cubrirme hasta los ojos, desconfiando de una luz que, a pesar de estar lejos del camino correcto, lograba ofrecerme un paisaje armónico de interminables árboles y cielos encapotados. Los mismos que ahora añoro como se añoran siempre los lugares en los que una estuvo lejos cuando lejos se vuelve maravillosamente plurisignificativo.