a mí me gusta escribirte poemas
sobre todo antes de dormir,
de hecho es lo que vengo haciendo
desde que te miré a los ojos,
bueno,
no es sólo que me guste,
es que quizá no queda otro remedio
otra válvula de escape si ahora
es imposible tocarte,
primero,
hablábamos de jugar
con la inocencia que aún nos quedaba,
y resultó que yo tenía demasiada
y la tuya estaba bien escondida,
y siento,
que tus palabras son verdaderos laberintos
o ramas de árboles, lo digo
por sus múltiples interpretaciones
entre las que no se puede elegir,
un juego,
del que desconozco reglas, si las tiene,
en el que no tengo fichas para mover,
ése que nunca me enseñaste
para no dejarme ganar
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