Apenas las seis de la mañana,
cuando aún no han amanecido las aceras
volvemos de la hierba y el agua sucia
de un río que nos ensucia el alma
Bajo un muelle de madera
que cruje con unos pasos estridentes
follamos efímeramente
con mis manos arañando tu cuello
Luego dices, sólo somos amigos, ¿no?
porque aún eres demasiado pequeño
para saber de la inutilidad de las palabras
Para saber que a veces, sobre todo
cuando me llevas a tu cama
de sábanas rojas y huellas de gato,
no las necesito
Sólo tu semen imparable
como regalo de despedida a mi garganta
Y cuando vuelvo a casa
apenas las ocho de la mañana