jueves, 8 de octubre de 2009

El paraíso sobre los tejados, como los gatos nocturnos




Apenas las seis de la mañana,
cuando aún no han amanecido las aceras
volvemos de la hierba y el agua sucia
de un río que nos ensucia el alma

Bajo un muelle de madera
que cruje con unos pasos estridentes
follamos efímeramente
con mis manos arañando tu cuello

Luego dices, sólo somos amigos, ¿no?
porque aún eres demasiado pequeño
para saber de la inutilidad de las palabras

Para saber que a veces, sobre todo
cuando me llevas a tu cama
de sábanas rojas y huellas de gato,
no las necesito

Sólo tu semen imparable
como regalo de despedida a mi garganta

Y cuando vuelvo a casa
apenas las ocho de la mañana

2 comentarios:

R. dijo...

Me encanta tu fuerza.

R. dijo...

Y la Rosenvinge de fondo no puede ser más perfecta.