retumba la música la quemadura el corazón hastiado
es cierto, tú nunca morirás
al menos aquí dentro…
me duelen tantas cosas ahora,
me duele la ciudad y su ritmo abrasador que llega desde el pavimento gris repleto de colillas,
me duele el recuerdo que dejas en cada espacio arquitectónico
sea o no realmente bello,
en las esquinas en obras
en los centros comerciales
o en una escalera mecánica que sube quién sabe donde,
me duelen los adoquines clavados en mis pies
como si de agujas se trataran,
la asqueada inercia con que nos movemos,
la ternura indiferente de sabernos juntos sin explicación alguna,
sin que ninguno de los dos pregunte nada
acerca de las nostalgias, de las ausencias o los afectos
que eran el sentido de nuestro laberinto,
me duele la ciudad, me duele la ciudad entera,
cuando te levantas alegando obligaciones laborales
intentando arreglar los desperfectos con alguna frase amable,
del tipo, me gustaría no tener que dejarte ahora,
dejarme ahora sola con nuestros resquicios,
con eso sin nombre
que nos hace estar sentados en un típico restaurante céntrico,
hablando de conflictos militares
o alguna estupidez de esas
a las que les quito importancia estando contigo,
me dejas ahora sola con todo eso,
con la culpa, con el no saber cómo comportarse,
con dos botellas de vodka llenas hasta arriba
que no hacen más que recordarme
mi destino infame para esta noche.
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