lunes, 16 de marzo de 2009

Llegué hacia ti en una nebulosa gris tan extraña y desconocida, el verdadero rostro de la espontaneidad que me sobresaltaba al estrecharte tan bruscamente entre mis pequeños brazos, tu cuerpo y tu olor completamente dentro de mí en un lugar que no tiene nombre, como la primera caricia de hace ya más de dos meses, tiempo incontable más allá del que somos capaces de percibir nosotros, que no tiene números, una mezcla quizá homogénea o quizá heterogénea, bien poco importa siendo mezcla que no entienden esos hombres de lógicos razonamientos con los que siempre nos topamos sin mirarlos, tú y yo en este mundo inabarcable, ni siquiera tu mente puede ser rozada instantáneamente por mis dedos, sólo eres quien imagino, quien alcanzan mis ojos a ver, apenas una ráfaga de tí mismo, un trazo de carboncillo que aún no tiene forma ni contenido, y sin embargo, y sin embargo el amor, llamémosle amor, aquí en mi regazo, mi amor que debería bastarte y el tuyo que no se deja ver en los rincones de calles con nombres que nunca recuerdo, sé que tus ojos, sé que tus manos, sé que tu pecho me abrigaban, como un gorrito colorido que tapa las orejas en invierno, como unas sábanas de franela después de una calle fría casi congelada, tu amor que me serviría de puente si no fuera porque no hay otro lado más allá, si no fuera, si fuera, y condicionales inválidos para ese monstruo grande y dañino que se dice llamar realidad, si no fuera porque cada paso que doy es una búsqueda, si no fuera porque cada hombre en moto se transforma absurdamente en vos, y son meras palabras, hay algo más que no puede decirse y que duerme siempre conmigo, cada noche y cada día que soporto la luz del sol, nunca falla, nunca apareces y cuando se abre un liviano destello de luz así nomás se desvanece, cuando empiezo a sentirlo y a pensar que todo es tan hermoso, si no fuera porque no estás aquí y no puedo decirte cursilerías que levantan sonrisas sinceras, siempre irremediablemente el condicional, inevitablemente pluscuamperfecta lanzo palabras repetidas que ya no me sirven de guía, me nacen y van reproduciéndose y después mueren, apartadas en algún rincón en este ciclo natural, suena un piano triste que se derrama por la pared azul, todo es blues cuando no estás y si estás sólo quisiera una presencia así palpable y tranquila, mera contemplación sin atributos innecesarios, quisiera mirarte tres horas sin decir nada y decirlo todo, tu amor que no me sirve de puente, y qué triste, tan triste oyendo al cínico Horacio que quiere un amor pasaporte, amor pasamontañas, amor llave, amor revólver, amor que le dé los mil ojos de Argos, la ubicuidad, el silencio desde donde la música es posible, la raíz desde donde se podría empezar a tejer una lengua*, tejer una lengua, tejer caminos entrecruzados e infinitos...

'Merde, alors. ¿Por qué no? Hablo de entonces, de Sèvres-Babylone, no de este balance elegíaco en que ya sabemos que el juego está jugado.'*

*Julio Cortázar, Capítulo 93 en Rayuela, 1963.

1 comentario:

Anónimo dijo...

al final siempre quedan las palabras. Ojalá algún día sea capaz de esa claridad, esa concisión en el mensaje. Siempre queda Cortázar.