martes, 30 de junio de 2009

Instrucciones para fumar un cigarrillo sin sentirse culpable

Fumar nos ayuda a desaparecer peligrosamente



Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de fumar sin que palabras rectas como troncos de roble surtan su efecto civilizador. Es indispensable desterrar el pensamiento de fumar puede matar y el resto de consignas que aparecen bien grandes en cada cajetilla que compramos, sea en el estanco o en el bar. Además de olvidarse por completo de que fumar perjudica su salud y la de quienes le rodean hay que darse cuenta del gran engaño, de que fumar nos hace bien, y sobre todo de la inutilidad de estos enunciados cuando veinte cigarrillos luchan por salir de la cajetilla para ser consumidos.

Tras haberse vuelto inmune a palabras impresas, es necesario también que la palabra hablada sea igualmente obviada, puesto que puede ser más peligrosa, ya que si uno está tosiendo más de lo normal, o se ahoga cada vez que sube las escaleras del piso de la abuela, pueden hacernos abandonar nuestro más preciado compañero: el pitillo.

Cuando ya hemos acatado los principios de la inmunidad igual que los del civismo, ya pronto veremos que éstos van a ir enterrándose poco a poco. Este primer ejercicio preparatorio de nuestra moral salubre ha de llevarse a cabo obligatoriamente, hasta el punto de poder afirmar, con una sonrisa irónica: soy un completo enfermo.

Ahora sí, atengámonos a la manera correcta de fumar sin sentir ni una pizca siquiera de culpabilidad: antes que nada, hay que asegurarse de que nadie nos birló el mechero. Tratar de encender un cigarrillo sin mechero, tenerlo así bien aguardado entre los labios mientras con las dos manos se busca desesperadamente fuego, no es tarea recomendable. A los ojos de la masa resulta una imagen comparable a la del yonki pidiéndole al camello que le fíe, o a la del borracho que lleva ya veinte y el camarero se niega a ponerle veintiuna.

No olvidemos que la manera correcta de fumar es serena, pausada, sentados en un café o en un banco de la plaza, dejando que el humo llegue hasta los pies. Tranquilidad y pitillo son una misma cosa, y esto no se hace para dar buena imagen, ya que el paralelismo entre un fumador, un yonki y un borracho es más que evidente, y no hay que avergonzarse por ello. Estigma de buscador insaciable, fumar se nos convierte así en un acto místico, individual o colectivo, que sirve para adquirir conciencia del yo y de los otros, que igualmente sienten su mente liviana sobrevolar las autocensuras mundanas.

Sobre la expulsión del humo es necesario tener en cuenta una sola cosa: se debe tardar más tiempo que en dar entrada a ese humillo con alquitrán y otras delicias. Este punto es quizá el más importante: a la hora de expulsar el humo, deben picarnos los ojos y los demás deben observar cómo nuestro rostro se va nublando de a poco, cubriéndose de una masa de aire blanquecina, haciéndonos por fin desaparecer. Por último, ser plenamente conscientes de que se puede afirmar, sin duda alguna, que hoy fumar constituye un acto subversivo, como antaño la destrucción de máquinas por parte de obreros ludistas. Hay que proclamar el amor incondicional al cigarrillo, mirarlo consumirse atentamente, ponerse triste y gris cuando llega la hora irrefutable de aplastarlo frívolamente contra el cenicero.

3 comentarios:

Jesuli dijo...

Sí, no te quito razón. Fumar es un placer como el beberse una copa, el comer un plato exquisito, el echar un magnífico polvazo, o el cagar a secas...

No obstante, dentro de esos placeres, los hay perjudiciales para la salud física. Quizás la mental se resienta un poco, con aquello de las neuronas, pero no hay que olvidarse que la vida se compone de buenos momentos, y en muchos de ellos, aparece un cubata, una mujer, un cigarrillo...

Genial, me ha gustado mucho.

K209 dijo...

me ha gustado, creo que siempre nos harán falta las instrucciones, para vivir, en general. instrucciones para vivir. instrucciones para morirse. instrucciones para todo, todo, absolutamente todo. ya sean nuestras o de otros...pero las necesitamos, a veces.

un beso..y no hagas caso a tus propias instrucciones, que fumar es malo malo :)

Nimbala dijo...

Me ha gustado mucho el texto. Además de original, tiene conciencia, conciencia de un qué y un por qué y eso a día de hoy no se ve muy a menudo pues todo vamos detras de esos mensajes que nos dirigen sin remedio...
Saber disfrutar de un pitillo, disfrutarlo, no solo aspirarlo con prisa, disfrutar del momento... De ese humo que entra por tu garganta y luego expulsas, despacio, dejando que la nube te moje con su tormenta...