domingo, 27 de junio de 2010

verano

verás, me gusta emborracharme con alcohol a quince grados y fumar cigarrillos a escondidas desde un resquicio de la ventana, con las persianas cerradas de par en par sin dejar lugar a alguna de las posibles proyecciones de mi sombra. quedarme anclada en la cama, de brazos abiertos y sentir cómo el aire me fatiga, cómo empieza a sudar mi frente en un tremendo simulacro de algo sin nombre. el ruido de mi respiración se convierte en la cárcel de un mundo que proyecto sin saberlo y que posiblemente no exista. verás, es triste yacer en unas sábanas rosas que terminan con sencillos encajes, ser incapaz de pensar el cualquier cosa y abandonarse al estado casi inconsciente del cuerpo. el alma entonces es aquello inasible que anda rondando por el cuarto, sin que yo la vea y sin que sea capaz de percibirla. pero en algún lugar han de esconderse todas mis cosas, cuando nada en mí se dispone a abrir los cajones llenos de polvo, de nostalgias agarrotadas o tal vez de algún blues en modo sentimental. o a lo mejor no merece la pena todo eso, y es así como gusto de abandonarme en un ensueño sin la posibilidad de la palabra.

1 comentario:

Equilibrios Imposibles dijo...

y el alma se vuelve una neblina inalcanzable, que se mezcla en orgia salvaje con el humo del cigarro. Si, muchas veces me ha pasado. Un gusto leerte.

Edgar
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